| Historia de las cuevas... No se conoce con exactitud la
época en la que nacieron las cuevas como hábitat, pero
cuando los Reyes Católicos llegaron a Guadix, en 1489,
existían ya algunas cuevas aisladas, que comenzaron a
desarrollarse en la primera mitad del siglo XVI,
existiendo hasta el siglo XX una situación de
enfrentamientos de este hábitat contra la casa, debido
fundamentalmente a factores socioeconómicos.
Las cuevas
se pican aprovechando la blandura de la arcilla que
componen la serie de colinas que abrazan los valles de la
comarca de Guadix. En cualquiera de estas colinas se pica
un plano vertical y después se cava en sentido
horizontal la cueva o galería con ramificaciones
interiores. La salida de humos de la cocina se obtiene
perforando el centro verticalmente con chimeneas
construidas con argamasa, encaladas posteriormente, lo
que confiere al paisaje una fisonomía muy peculiar.
El acceso
a la cueva se hace a través de una puerta de madera, a
veces dividida en dos partes (la superior sirve de
ventana), de tradición morisca. La temperatura en el
interior de las cuevas es constante durante todo el año
(18 grados centígrados) por lo que no es necesaria
calefacción, no siendo preciso variar las mantas de cama
durante todo el año.
Antiguamente
durante el invierno, cuando la lluvia y la nieve
impedían realizar los trabajos agrícolas, los hombres
se dedicaban dentro de las cuevas a picar más
habitaciones, sobre todo si estaba previsto que fuera a
nacer un nuevo hijo.
Las cuevas
de líneas curvas, techos abovedados y blancas chimeneas,
ubicadas en las laderas de las colinas, en las cañadas y
en los barrancos, con una distribución anárquica,
componen un conjunto de interesante singularidad,
representando su construcción una característica propia
de la comarca. Su originalidad arquitectónica, su ideal
temperatura y su gran ambiente acogedor, íntimo y
rústico, las han convertido en un hábitat muy
apreciado.
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